En los sistemas sociales y en sus entornos es donde mayor se hacen sentir las
implicancias de estos modos de ver y de actuar en el mundo de hoy.
En sociedades donde sus límites están cada vez más desdibujados donde todo lo local es global, y todo lo global se ve minado por las diversidades culturales y manifestaciones micro sociales, los sistemas autorregulables de la economía y lo tecno - científico sobre todo, dictan los imperativos de inclusión y exclusión social de vastas poblaciones de Latinoamérica, que van desde un núcleo duro de integración a uno de plena desafiliación social.
La generalización de los procesos de exclusión se caracteriza por:
1. Un proceso de segregación social, política y cultural creciente,
2. La magnitud de la desocupación y las formas de marginación ocupacional,
3. Una pronunciada fragmentación de distintos sectores sociales postergados:
trabajadores, independientes y clases medias empobrecidas entre otros.
Las sociedades latinoamericanas, sus regiones y sus localizaciones, sus hogares y pobladores sufren todos los embates de estas instrumentalizaciones de lo humano.
Los subsistemas de la economía buscan ser más competitivos y flexibles entrando en sus variables de reingeniería organizacional el despido masivo de grandes contingentes de obreros y empleados. Los tradicionales estratos medios se deterioran, las demandas de los sectores indígenas y rurales se hacen sentir en toda Latinoamérica y la brecha entre un mundo de incluidos y otro de excluidos es cada vez mayor.
Hacia 1997 en Latinoamérica el 44% de la población se encontraba bajo la línea de pobreza y el 19% en situación de indigencia.
Según el informe de Panorama Social de América Latina 1999 – 2000 ( CEPAL. "Panorama social Latinoamericano 1999 - 2000") que realiza la CEPAL, no menos de 117 millones del total de 224 millones de persones en situación de pobreza en la región son menores de 20 años. Y sentencian que, al iniciarse el siglo XXI, más de la mitad de los niños y adolescentes de América Latina son pobres y más de la mitad del total de pobres de la región son niños y adolescentes.
Las estimaciones de este estudio para el año 2000 planteaban que se encontrarían en situación de pobreza:
el 60% de los menores de 6 años,
el 59% de los de entre 6 y 12 años, y
el 49% de los de entre 13 y 19 años.
La vulnerabilidad social también es parte resultante de los procesos de reformas y cambios adaptativos ante la globalización acaecidos en estos últimos tiempos.
Esta se manifiesta según el citado informe en:
1. Deterioro del mercado de trabajo (falta de empleos y mala calidad de los mismos),
2. Deficitaria prestación de servicios sociales (educación, salud y previsión social sobre todo),
3. Condiciones de debilidad de las micro y pequeñas empresas de la región, por el escaso poder competitivo y la fragilidad de sus capitales físicos y humanos.
Mientras tanto, el desarrollo de la tecnología avanza en función de la rentabilidad de los sistemas empresariales y el conocimiento pasa a ser un factor potencial de ingreso y bienestar sustancial. La educación es sinónimo de capital humano, y es un pasaporte que actúa como "paracaídas" y ya no como movilidad social ascendente.
Las comunicaciones y sus convergencias dinamizan los flujos de información y
todo lo se vuelve más dinámico, pero aún pocos son los que tienen acceso a los medios tecnológicos y comunicacionales para formar parte del sistema de información global.
Existen mundos de la vida con sus perspectivas y prácticas propias, sus discursos y sus metas, algunos coexisten otros se fragmentan, las instituciones pierden el sentido del desarrollo socio - cultural actual y no alcanzan a procesar el gradiente de complejidad de las contingencias de este mundo globalizado y de su contexto nacional, regional y local.
Pero no se debe caer en planteos extremos de una crítica por la crítica misma de esta realidad macro y micro social, sino que es necesario mirar el horizonte de sentido de nuestras instituciones y sus contextos internos y externos. No significa apatía frente a los males sociales, sino tener en cuenta la función social y comunitaria de las mismas, como así también sus diversidades de componentes, organizaciones y contextos. Tener en cuenta sus estructuras sociales actuales: valores y normas, programas de acción y estrategias educativas, roles institucionales y personas.
Pensar en sus límites internos y externos.
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